Con la Epifanía estamos por terminar el tiempo de Navidad del nuevo año litúrgico, pero ¿qué es la epifanía para nosotros?
El Mesías ya nos espera, no en un pesebre sino en los sacramentos, en nuestros ambientes y en el prójimo.
Durante esta semana estaremos recordando la Epifanía de Nuestro señor Jesucristo. La palabra significa "manifestación", y nos indica que Jesús se da a conocer. La Iglesia celebra como epifanías tres eventos: La epifanía ante los Magos de Oriente, la epifanía en el Bautismo, la epifanía en las Bodas de Caná.
Los Magos de Oriente, conducidos por una estrella, se presentan finalmente ante el Dios hecho hombre y como dice la escritura, “se postraron para adorarlo”. (1) La actitud de estos hombres que habían sido llamados desde países lejanos para conocer al dueño del cielo y de la tierra, nos enseñan la actitud que todo cristiano debe tener después de un encuentro con Dios.
Es posible que los magos conocieran algunas profecías mesiánicas de los judíos, sin embargo, anhelaban conocer la totalidad de la verdad y experimentarla personalmente, por eso se encaminaron a Jerusalén. La paciencia ante el largo camino que recorrieron los Magos, nos muestra la disposición que debemos tener quienes deseamos conocer la verdad completa a pesar de los obstáculos y el tiempo que tardemos en conseguirlo.
La manifestación del Mesías ante los Magos es un acontecimiento que debe llenarnos de alegría, pues los pueblos paganos recibieron a través de ellos la gracia de la salvación. Recordemos que los Magos no eran parte del pueblo de Israel, sino de Arabia, Persia o Caldea, que representaban el Oriente para los judíos, sin embargo, estos hombres supieron utilizar sus conocimientos de astronomía para descubrir al Salvador. Los magos buscaban a Dios en las estrellas, pero estas los guiaron para encontrarlo en la tierra y si en ellos se cumplió la profecía de que por medio de Israel, Dios se manifestaría a todos los hombres y que el Mesías vendría para salvar a todos, en nosotros, debe motivar el agradecimiento por haber nacido en una familia cristiana y contar con la ayuda de los sacramentos, caminos seguros a la salvación.
La Iglesia celebra la Epifanía el 6 de enero o el domingo que cae entre los días 2 y 8 de enero y en esta fiesta Dios hace un llamado a todos sus hijos, de todos los pueblos, razas, culturas y religiones pues nos ha dado al Emmanuel, que con sus palabras y su vida nos manifiesta el amor infinito del Padre y del Espíritu Santo. Sin embargo, esta llamada necesita una respuesta como la de los Magos, que, prudentemente obedecieron a Dios antes que a Herodes y volvieron a sus países de origen para llevar la noticia de la salvación, eran testigos acreditados para hablar de lo que habían visto: la promesa se cumplía en el Niño Dios.
Los Magos de Oriente, a quienes posteriormente se les llamó Reyes en alusión al salmo 72 versos 10 y 11: “Los reyes de occidente y de las islas le pagarán tributo; los reyes de Arabia y de Etiopía le ofrecerán regalos, ente Él se postrarán todos los reyes y le servirán todas las naciones”, ofrecieron al Niño Dios los regalos de oro, incienso y mirra, pero más allá del significado que pudiéramos encontrar en estos elementos, está la donación completa, la entrega de lo mejor que cada uno de ellos tenía para Dios. Esta actitud nos hace reflexionar sobre nuestra propia experiencia en la ofrenda de nuestra vida a Dios, si es completa, dándole lo mejor que tenemos o bien, es nula o le damos lo que nos sobra en tiempo y servicio.
Otros personajes que aparecen en el relato de la epifanía del Señor son Herodes, el Rey que debía su título a los romanos y no era aceptado por los judíos y los sacerdotes y maestros de la Ley, quienes indicaron a los Magos el lugar del nacimiento del Mesías profetizado y bien sabido por ellos debido a su conocimiento de la Ley. El rey recibe la noticia del nacimiento del Mesías con miedo y odio; temía que alguien le arrebatara su cetro y por ello utiliza, primero, la mentira y después el crimen, pues no estaba dispuesto a ceder su reinado. Los maestros de la Ley y los sacerdotes de Israel, a pesar de conocer mejor que nadie la Palabra de Dios y las profecías, no quisieron reconocer que el tiempo de la promesa se estaba cumpliendo y no fueron a adorar al Mesías.
Tenemos por delante un año que Dios nos concede para buscarlo, conocerlo y anunciarlo, con la certeza de que Él siempre toma la iniciativa y seguramente ya nos espera, no en un pesebre sino en los sacramentos, en nuestros ambientes y en el prójimo.
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